Es increíble que hayan pasado ya 26 años de ese día tan importante para nosotros.
Ese fue el día en que dejamos de ser una banda de nicho, de esas que tocaban en antros y bares para 500 personas o abrían shows en carteles interminables, para convertirnos en lo que somos: RESORTE, una banda con voz propia, liderando una guerrilla de seguidores que creían en cada nota que tocábamos y se sabían cada letra que cantábamos.
Para entender lo que significó ese día hay que regresar un poco más atrás.
Aun con República de Ciegos y América fuera, y con nuestro primer disco en la calle, seguíamos siendo esa banda demasiado pesada para los fresas y demasiado rara para los metaleros. No terminábamos de encajar en ningún lado. Éramos una banda que muchos todavía no podían catalogar ni entender del todo.
Habíamos comenzado algo importante, pero creo que no terminó de tomar forma hasta XL.
Y entonces llegó aquel concierto en el Monumento a la Revolución.
Para ser honestos, no teníamos la menor idea de cuánta gente podría aparecer ese día, mucho menos imaginábamos que aquello se llenaría.
Hay que recordar que era otro momento. No existían Instagram, TikTok ni Facebook. ¡Ni siquiera todos teníamos correo electrónico! Lograr que la gente se enterara de un concierto era mucho más complicado.
Pero llevábamos meses trabajando en algo que para nosotros era mucho más importante que promocionar una tocada.
Habíamos creado una plataforma home made, diseñada y operada por nosotros mismos, a la que llamamos LA GUERRILLA XL.
La idea era sencilla: reclutar a todo aquel que quisiera escucharnos, apoyarnos, recomendarnos y, sobre todo, llevarnos a alguien más a quien pudiera gustarle nuestra música.
Fuimos reuniendo correos electrónicos tocada por tocada, persona por persona. Conversábamos de ida y vuelta con todos. Compartíamos noticias, ideas, planes, música y cualquier cosa que nos acercara.
Hasta que llegó un momento en que se volvió casi imposible contestar tantos correos.
Pero no nos detuvimos.
Sin darnos cuenta estábamos construyendo algo mucho más valioso que un club de fans: una comunidad que se había comprometido con nosotros a llevar nuestra música a todos lados.
Y eso es algo que nunca vamos a dejar de agradecer.
Así fue como toda esa energía se hizo presente aquel día.
De pronto, esa banda que apenas unos meses atrás tocaba frente a unos cientos de personas estaba congregando a miles.
Recuerdo cada segundo.
Recuerdo al Tavo convocando a todos los indios de Latinoamérica, a toda esa gente brincando, cantando, levantando los brazos. Recuerdo mirar hacia el fondo y no poder creer hasta dónde llegaba la gente.
Ese día grabamos el video de «Aquí no es donde», una canción que se convirtió en un himno para nuestros seguidores y que terminó siendo la rola que nos llevó también a todos aquellos que todavía no nos conocían.
Fue la canción que nos abrió muchas puertas y que, de alguna manera, hizo que finalmente nos dieran nuestro lugar.
Lo que vino después fue extraordinario.
Nos llevó a tocar por Estados Unidos y Latinoamérica, a encontrarnos con miles de personas que respondían con esa misma intensidad, a compartir escenarios con bandas con las que apenas unos años antes soñábamos tocar.
Y todo eso comenzó con una comunidad que creyó en nosotros cuando todavía no éramos nadie para mucha gente.
A la fecha, con muchísimo orgullo, me encuentro con personas que me dicen que estuvieron ahí. Que recuerdan aquel concierto con la misma emoción con la que yo lo recuerdo.
Y eso me sigue pareciendo increíble.
Hoy los conciertos, los festivales, las audiencias y las maneras de conectar con la gente tienen dimensiones completamente distintas. Pero hace 26 años, sin redes sociales, sin algoritmos y sin las herramientas que hoy damos por sentadas, logramos que miles de personas llegaran a un mismo lugar por una sola razón: la música y las ganas de formar parte de algo.
Me gusta pensar que ese día cambiamos algo.
No sé si cambiamos la historia del rock mexicano, pero estoy seguro de que cambiamos nuestra propia historia y la de mucha gente que decidió acompañarnos.
Porque ese día no solamente dimos uno de los conciertos más importantes de nuestra carrera.
Ese día entendimos que RESORTE ya no nos pertenecía solamente a nosotros. También le pertenecía a toda esa gente que había decidido hacer de nuestra música algo suyo.
Y hoy, 26 años después, estamos a punto de regresar al mismo lugar.
Este próximo 6 de noviembre volveremos a tocar en el Monumento a la Revolución. Un escenario que para muchos puede ser simplemente otro lugar para dar un concierto, pero que para nosotros representa uno de los momentos más importantes de nuestra historia.
Volver ahí después de tantos años, con todo lo que hemos vivido, con los que seguimos aquí y con los que ya no están, tiene un significado enorme.
Porque aunque muchas cosas han cambiado, hay algo que sigue exactamente igual: las ganas de subirnos a un escenario, hacer ruido y encontrarnos con nuestra gente.
26 años después, la Guerrilla XL sigue de pie.
Nos vemos donde comenzó todo.
¡GRACIAS, GUERRILLA!
